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Por la tarde, y sin haber prefigurado la evocación durante la mañana o durante el sueño, me vino a la mente un día vivido exactamente hace miles de años. Como si, en vez de plástico y voluble, el tiempo se volviese rígido y violento ―su auténtica verdad, por otra parte―, los engranajes de mi cabeza comenzaron a retroceder, vertiginosos, y entonces recordé. Algo a mi alrededor, probablemente un objeto trivial, una silla o un cenicero de vidrio, me empujó hacia la memoria.

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