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Jacint Jordana: otro enfoque del conflicto catalán

La pugna de las ciudades globales

España es un león con dos cabezas. O al menos así la definía Agustí Calvet, una de las grandes firmas del periodismo español de primera mitad del siglo XX. Con gran habilidad para la metáfora, Gaziel –seudónimo por el que se conocía a este intelectual catalán– hacía referencia a la bicefalia provocada por Madrid y Barcelona, dos cabezas que se ignoraban mutuamente, pero que se influían de forma decisiva. Casi un siglo después, Jacint Jordana (Granollers, 1962) da una nueva forma a esta metáfora en su último libro: Barcelona, Madrid y el Estado. Ciudades globales y el pulso por la independencia de Cataluña (Catarata, 2019).

Jordana es catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Pompeu Fabra, y director del Instituto de Barcelona de Estudios Internacionales (IBEI). Ha dedicado su trabajo académico a una comprensión adecuada de las políticas públicas necesarias en nuestro país. En su última obra dibuja una nueva perspectiva para entender la crisis político-constitucional en Cataluña, que es la competencia de las dos ciudades globales, Madrid y Barcelona, por la hegemonía en España. Sin descartar históricos nacionalismos, esta tesis sitúa el debate en otra dimensión: la de un futuro global donde, más que Estados, la política pasa por los nodos económicos, políticos y culturales que son las grandes ciudades globales. Un nuevo enfoque para entender los problemas del león bicéfalo al que aludía Gaziel. Ya advertía el periodista que «Cuando una de las dos cabezas tiene fiebre, la otra la tiene también, y ambas la comunican a todo el organismo».

¿Qué es una ciudad global?

Hay muchas definiciones en la literatura académica, pero básicamente es un concepto genérico que se refiere a ciudades que tienen una gran capacidad de interconectarse globalmente. Son nodos de todo tipo de redes económicas, sociales o culturales. Concentran recursos, capacidades, organizaciones, empresas y personas con distintas habilidades y conocimientos, que a su vez están conectados con otras ciudades. Son el núcleo central de la globalización.

¿Son Barcelona y Madrid el mismo tipo de ciudad global?

Hay que aclarar que cuando hablamos de ciudades globales no nos referimos a una estructura administrativa, sino que estamos hablando de áreas metropolitanas funcionales. Madrid y Barcelona

son bastante distintas como ciudades globales. Tienen perfiles diferentes y están especializadas en ámbitos distintos. Tal vez el tema cultural sea más fuerte en Barcelona y, en cambio, el tema público y gubernamental sea más fuerte en Madrid.

¿Entonces no compiten por los mismos recursos?

Si se mira desde la perspectiva de la globalización, no hay una competencia directa y exclusiva entre Madrid y Barcelona. Ambas ciudades forman parte del grupo de las grandes áreas metropolitanas europeas. No compiten tanto entre sí como con otras ciudades europeas para atraer inversiones, talento, capacidades… Cuando una empresa quiere situarse o crecer en Europa se plantea varias opciones, no necesariamente entre Madrid y Barcelona. Puede estar entre Madrid y Londres, Barcelona o París. Es un juego con más competidores, y Madrid y Barcelona son dos más. Repito. No hay una competencia exclusiva entre las dos ciudades, sino que es un juego de escala europea donde encontramos situaciones muy distintas.

La contribución catalana a la presencia global de España (calculada por el Real Instituto Elcano) agregando proyección exterior económica, en seguridad y en poder blando

¿Cuáles son las características particulares del caso español?

Mi argumento es que en España se ha producido un fenómeno de concentración urbana en Madrid y Barcelona especialmente, y el resto de las ciudades están en una escala inferior. Hay un salto cuantitativo muy importante entre el volumen de población que tienen Madrid y Barcelona y el resto. Sevilla, Valencia, Bilbao… están en torno a un millón de habitantes, y luego están Madrid y Barcelona, con una población entre cinco y seis millones dentro del área metropolitana. No hay un gradiente de ciudades que tengan un número intermedio como el caso alemán o el italiano. El caso español es un caso bicéfalo donde está muy presente una dinámica de concentración en dos grandes zonas. Eso no quita que otras zonas urbanas también lo estén haciendo bien en el contexto de la globalización. Quizás no están tan diversificadas como Madrid y Barcelona, pero tienen una especialización con la que participan en redes globales. Bien en turismo, como la zona de Málaga, o bien en temas industriales, como Bilbao o, en alguna medida, Valencia. Luego está la España deprimida, que pierde población, no tienen un peso relevante, tienen muy pocos contactos con redes globales…

Precisamente Alemania e Italia presentan dos o más grandes ciudades globales. ¿Han sabido estos Estados compaginar mejor el equilibrio de este modelo?

En el caso de Italia podríamos hablar de Milán y Roma, pero en este supuesto hay una clara división de funciones. Roma es una ciudad administrativa y Milán está mucho más globalizada. También encontramos otros países en el mundo donde hay al menos dos ciudades globales, como Brasil, con São Paulo y Río de Janeiro, o Australia, con Melbourne y Sídney. Son países que tienen una capital administrativa que está separada de la dinámica de las dos grandes ciudades. Canadá tiene a Montreal, y luego está Ottawa, que es la capital, y Toronto, que es la más poblada. Muchas veces encontramos que la capital administrativa no coincide con una de las dos grandes ciudades globales. También encontramos otros países, como Francia o Gran Bretaña, donde hay una clara ciudad global, como París o Londres. Es otro modelo.

Lo que llama la atención de su análisis es que intenta explicar el conflicto entre Cataluña y el Estado central no atendiendo exclusivamente al nacionalismo.

Quiero matizar que yo no digo que el tema del nacionalismo no sea importante, simplemente no me dedico a analizar esta dimensión. Sin duda, para articular un movimiento político en Cataluña el nacionalismo, y también la identidad, ha sido muy importante. Pero en mi libro intento mostrar que hay unos motivos de carácter material que juegan en paralelo y refuerzan el movimiento independentista.

Marina Ruiz

¿Cuál es esa cuestión materialista?

Que el área metropolitana de Barcelona, que representa más de dos tercios de Cataluña, no tiene un Estado detrás que la apoye en su proyecto de ciudad global. En los años noventa, con los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92, sí que existía este apoyo, pero con el tiempo se ha hecho menos visible. En cambio, se hizo más notoria la apuesta del Estado, en concreto durante la época de Aznar, para impulsar a Madrid como una capital global. Esto va generando un pensamiento de por qué necesitamos un Estado que no nos apoya o por qué no creamos un Estado propio. Y a partir de aquí se mezcla todo con el tema de la identidad nacional, y va surgiendo este movimiento que puede tener momentos clave como la sentencia del Estatuto en 2010. Hay un problema de fondo de un Estado demasiado concentrado en Madrid. La apuesta de Madrid como ciudad global deja de lado no solo a Barcelona, también al resto de España. Se construye un sistema de infraestructuras para servir a Madrid, como la distribución radial de las líneas de Alta Velocidad, diseñadas para conectar Madrid con el conjunto de España. El Estado ha perdido la neutralidad en beneficio de Madrid. Y no hay un anclaje institucional que permita la existencia cómoda de dos ciudades globales. El modelo federal podría funcionar como solución, pero no es la única.

«Hay un problema de fondo de un Estado demasiado concentrado en Madrid. La apuesta de Madrid como ciudad global deja de lado no solo a Barcelona, también al resto de España«

¿Podríamos determinar la ruptura del equilibrio en algún punto?

Esta idea de poner a Madrid en el centro de España como gran ciudad e internacionalizarla aparece durante el gobierno de Aznar, en el cambio de siglo. En este momento el Partido Popular, además del poder estatal, ostenta el gobierno tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad de Madrid. A partir de esta conexión se va desarrollando una nueva visión de la ciudad madrileña, al mismo tiempo que se van rompiendo los equilibrios territoriales que se habían mantenido hasta ese momento.

¿Cree que es un movimiento intencionado?

Yo no creo que haya habido una estrategia de fomentar el desequilibrio territorial, pero hay dinámicas que toman fuerza por sí solas. Además, en un Estado donde la mayor parte de los funcionarios o políticos son de Madrid o del entorno de la ciudad, al final uno acaba asimilando la ciudad con el Estado, o los intereses de la ciudad global con los intereses del Estado. Tampoco hay una política territorial clara, solo un ideario para atacar a las comunidades autónomas y centralizar las políticas públicas. No pienso en términos de confabulación, sino más bien en dinámicas que tienen una fuerza autónoma, sobre todo si han estado impulsadas en un primer momento de forma definida en una dirección, y luego se apoyan en procesos más globales.

Pero a Cataluña no le ha ido del todo mal.

No, no le ha ido mal. Desde los años setenta hasta ahora, Cataluña tiene un peso estable de un 19% del Producto Interior Bruto (PIB). Si ha habido cambios ha sido en el resto de España. La Comunidad de Madrid ha aumentado su peso en el PIB, y los que han perdido importancia han sido las regiones del interior de España, las dos Castillas. Podemos decir que se han empobrecido, relativamente. Cataluña no se ha empobrecido, pero claro, cuando se está compitiendo, insisto, no dentro de España sino globalmente, pues siempre se quiere más apoyos. Para tener más infraestructuras, mejores universidades, mayor capacidad para atraer talento, mayor capacidad de promoción internacional a través de redes de embajadas o de oficinas de representación.

Ejemplifica la diferencia entre Madrid y Barcelona con la distribución de vías ferroviarias de alta velocidad, con la diferencia de tiempo que unen a las dos grandes ciudades respecto a otros puntos de distancia similar. Pero tenemos otra España donde todavía reivindican un tren digno. ¿De alguna manera podrían considerarse insolidarias estas reivindicaciones de las ciudades globales?

Son zonas que han perdido el tren de la globalización. En algunos países europeos intentan hacer políticas de equilibrio territorial, hacer infraestructuras que refuercen la capitalidad. Incluso en Francia hay más políticas de reequilibrio territorial que en España a pesar de la centralidad de París. Pero es una tendencia de cómo funciona la globalización en la economía mundial. Los políticos ven oportunidades de ganar votos a partir de construir discursos que den una respuesta a la insatisfacción de la gente, ya sabemos cómo funciona esto…

¿Existe también un interés en la agenda política por mantener esta tensión?

En el Brexit el enemigo era el inmigrante, en el caso de Trump también. Igual en Francia. Se trata de construir un discurso político con un malo responsable de los problemas, de la falta de desarrollo o de bienestar. Y la respuesta es cerrar las fronteras, volver a un mundo ideal del pasado donde el Estado nacional estaba mucho más protegido económicamente… Este discurso apenas ha existido en España. En cambio, tenemos un mensaje político de enfrentamiento territorial donde parece que si no hubiera el problema catalán, todo sería fantástico en el resto de España, y también en Cataluña, donde si fuera un Estado independiente todo se solucionaría. El problema de fondo es una cuestión vinculada a cambios sociales, cambios de estructura económica, aumento de la desigualdad, mayor polarización entre ciudades globalizadas y territorios más periféricos. Pero en España se articula políticamente de forma distinta por la estructura polarizada que hay entre las dos grandes ciudades.

¿Ha habido reticencias por parte de Cataluña para reducir la tensión? Se me ocurre la negativa de Pujol a colaborar con Aznar.

Sí, es cierto. Sobre todo la derecha catalana nacionalista. Hay que recordar que la reforma del Estatuto de Cataluña fue una propuesta de Partido Socialista Catalán de Maragall con el apoyo de otros partidos. Sí que es cierto que Pujol a finales de los años noventa pudo haber entrado en el gobierno con Aznar, y no quiso. Hizo un pacto con el Partido Popular, pero se mantuvo en la oposición.

Entonces, para usted, el movimiento independentista surge por la desatención del Estado en el contexto de la globalización.

Antes había una defensa de una identidad catalana, de la lengua, de unos intereses económicos distintos al de las élites castellanas o de sectores terratenientes en buena parte de España. Pero eran conflictos que se articulaban dentro de la política española. El movimiento independentista surge con fuerza en los últimos quince años. Es un proceso que se va extendiendo por la ausencia del Estado, por los argumentos económicos de que Barcelona y Cataluña no reciben el apoyo suficiente del Estado para poder buscar su espacio en el mundo de la globalización. La influencia de la globalización es determinante para entender cómo están ocurriendo las cosas en estos momentos en España, pero mucha gente no lo tiene en cuenta. En parte porque hay cosas que se parecen u ocurren de la misma forma en Europa. Problemas de clases medias tradicionales, o sectores trabajadores que pierden capacidad adquisitiva, pero también polarización, pérdida de peso del mercado interior… todo eso tiene sus efectos. Además de que muchos ámbitos de políticas públicas ya no se definen dentro del país, sino en un plano europeo o global.

«La influencia de la globalización es determinante para entender cómo están ocurriendo las cosas en estos momentos en España, pero mucha gente no lo tiene en cuenta»

Marina Ruiz

¿Por qué cree que es más fácil ceder soberanía hacia arriba que hacia abajo?

El sistema por el que se cede soberanía en la integración europea es complejo, pero los Estados siguen controlando de una manera coordinada la capacidad de decisión. Esta cesión también es funcional. Si uno quiere sobrevivir en el mundo actual y Europa quiere tener peso los estados europeos deben integrarse. De lo contrario, difícilmente van a ser más que espacios turísticos. Hay una necesidad de integrarse en la Unión Europea. En cambio, en lo que se refiere al nivel regional… en España tenemos Comunidades Autónomas muy distintas. Tenemos algunas que quizás no quieren o no pueden asumir más responsabilidades y otras como Cataluña que querrían tener unos espacios propios mejor definidos que no estuvieran siempre contestados por el Tribunal Constitucional. Eso un marco federal lo permitiría; o un marco con un Estatuto reforzado. Hay mucha diversidad interna. Y luego, si el Estado Central delega soberanía o capacidades, tampoco quiere perder lo que le queda. Como no puede recuperar soberanía de la Unión Europea porque hay una serie de acuerdos establecidos, lo más fácil es recuperar control en el interior. Para algunas autonomías puede ser incluso un favor, pero en el caso de Cataluña, una de las más dinámicas y con más voluntad de autorregulación, es donde aparecen los conflictos.

¿El conflicto catalán sobrepasa nuestras fronteras?

Tiene una dimensión europea. Primero porque los políticos independentistas catalanes esperaban que el marco europeo les fuera más favorable, e intentaron jugar en este espacio sin demasiado éxito. Barcelona es una ciudad global europea muy importante, y lo que ocurre en Cataluña tiene impacto en toda Europa, no solo en el resto de España. Desde las grandes empresas multinacionales que están en Barcelona hasta las plataformas que sirven a todo el sur de Europa en cadenas de distribución, también centros de investigación… Estamos en un superestado europeo y Barcelona es una de sus capitales, igual que Madrid.

No solo en Europa, también en otras partes del mundo como Hong Kong.

Yo creo que eso son más fenómenos mediáticos. Yo lo veo como una crisis europea, más allá de eso se convierte en algo más mediático u oportunista. Pero una cosa interesante es que en el siglo XXI y en la época de la globalización estamos viendo la emergencia de cómo las ciudades buscan más protagonismo a nivel internacional, queriendo recuperar capacidades y poderes propios. Podemos interpretar el caso de Hong Kong como un intento de una ciudad global preocupada porque el Estado chino quiere controlar más de lo que la ciudad considera que es aceptable. En Gran Bretaña podemos ver cómo Londres está contra el Brexit, y en cambio los entornos más deprimidos están a favor de salir de la Unión Europea, pensando que les va a ayudar. O en Estados Unidos, donde en las grandes ciudades están contra Trump, que se apoyó en el voto interior. Cada vez es más común que las ciudades y los Estados tengan lógicas distintas. Empiezan a aparecer puntos de tensión o conflictos entre ciudades y Estados, cosa que apenas se veía durante el siglo XX. Pero esto es una tendencia general a largo plazo que no quiere decir que nos permita interpretar lo que está sucediendo en España de una forma directa.

«Cada vez es más común que las ciudades y los Estados tengan lógicas distintas. Empiezan a aparecer puntos de tensión o conflictos entre ciudades y Estados, cosa que apenas se veía durante el siglo XX«

Cree que frente a esta revolución de las ciudades globales podría aparecer una contrarrevolución de las ciudades más pequeñas y zonas más deprimidas donde exijan que se reequilibren todas estas desigualdades que se producen entre estas ciudades globales y el resto del Estado.

Bueno, ya he dicho que Barcelona está estable en el contexto español. Sí, obviamente podría suceder. Sucede en Gran Bretaña con el Brexit, en Estados Unidos con el voto a Trump, en Francia… Aquí no ha surgido este discurso porque se ha generado un enemigo interior y el discurso político se ha vuelto muy nacionalista. En el caso del discurso nacionalista español, los malos son los catalanes; o en el independentista los malos son el resto de España. Pero se ha articulado un discurso de competencia entre estas dos ciudades en lugar de lo que uno observa en Inglaterra o en Francia, donde el conflicto es entre la gran ciudad y las zonas periféricas o deprimidas. Se ha articulado políticamente una situación distinta. Pero obviamente, si algún día se busca un compromiso entre las dos grandes ciudades en España es posible que surjan, de forma más clara, demandas en el resto del territorio, en zonas que están en una situación de pérdida de peso. Pero por ahora todo el debate político se articula entorno a la tensión entre estas dos ciudades.

Apoyo a la indepencia cuando se pregunta por varias opciones de encaje en España: «¿Cree que Cataluña debería ser…? (N=1.500; respuesta simple; %)
Elaboración propia. Fuente: Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat de Catalunya (CEO)

El pasado mes hemos conocido la sentencia del procés y las reacciones inmediatas ¿Qué efectos cree que puede tener la sentencia a largo plazo?

Creo que la sentencia ha sido desproporcionada. Si hubo alguna ilegalidad en el tema del referéndum, y obviamente es posible que existiera, el tipo de pena que uno podía esperar debería haber sido mucho más reducida. Esto se valora en Cataluña como un escarmiento. A partir de aquí, la falta de mecanismos de diálogo y de valoración de alternativas genera una parálisis y un malestar general. No creo que el movimiento catalán sea un movimiento violento ni que la violencia vaya a más. Los primeros interesados son los líderes independentistas.

¿Ve algún final?

Es difícil de saber. Yo creo que todavía hay posibilidad de encontrar un espacio de encuentro y de reformas institucionales que definan nuevos equilibrios. Acaba de salir una encuesta donde a la mayoría de la población catalana le gustaría tener un encaje institucional más atractivo dentro de España. Tenemos unos políticos que no son muy hábiles. Dentro de Cataluña hay una pelea sobre el independentismo y en España hay una pelea entre los partidos por ver quién es más nacionalista, más duro con los catalanes… La falta de personas con capacidad de negociación en los dos lados es uno de los factores más perniciosos en este proceso.

España es un león con dos cabezas. O al menos así la definía Agustí Calvet, una de las grandes firmas del periodismo español de primera mitad del siglo XX.

ANEXO: CRONOLOGÍA DEL ‘PROCÉS’

A partir de 2008, España sufrió una profunda y larga recesión. La crisis económica conllevó:

  • Un deterioro de legitimidad del sistema político español, incapacidad de preservar prosperidad material, escándalos, críticas de los “indignados”.
  • Políticas de austeridad y mayor control central del gasto público que a partir de 2010 estimulan mensajes populistas de agravio fiscal en Cataluña

Antes de 2010 el apoyo a la secesión no superaba el 20% de los catalanes. El statu quo político cambió a consecuencia de desarrollos a largo plazo y factores de corto plazo

2010

  • El Tribunal Constitucional español, siguiendo un recurso impulsado por el PP (entonces en la oposición), anuló en 2010 algunos artículos del Estatuto de Autonomía aprobado por los catalanes en 2006, lo que provocó un amplio rechazo en la política catalana.
  • Elecciones autonómicas en Cataluña: CiU gana las elecciones catalanas y Artur Mas es investido presidente de la Generalitat.

2011

  • Elecciones generales: El PP reemplazó al PSOE, representando así un adversario en Madrid más conservador y centralista. Mariano Rajoy es el nuevo presidente de España.

2012

  • La radicalización de la élite nacionalista, inmersa en una espiral de sobrepuja que le llevó a abrazar la independencia, se retroalimentó con una base social muy movilizada (que desde hacía algún tiempo impulsaba consultas de secesión a nivel local), provocando un rápido aumento del deseo de ruptura en 2012
  • 11 de septiembre, coincidiendo con la Diada nacional de Cataluña, sucede una masiva manifestación reivindicativa que visualizó la apuesta por el “Estado propio”. Artur Mas dio así por iniciado el procés soberanista.
  • Todas las elecciones en Cataluña desde 2012 (tres autonómicas, tres generales, dos europeas y dos locales) han demostrado la fortaleza de las fuerzas independentistas, pero también han evidenciado su falta de mayoría
  • Elecciones autonómicas en Cataluña: CiU gana las elecciones a pesar de perder doce diputados. Mas y Junqueras (ERC) firman el acuerdo de legislatura que establece la celebración de una consulta sobre la independencia de Cataluña en 2014.

2013

  • El apoyo a la secesión llegó a su punto máximo en 2013 (48,5%) según el Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat de Cataluya (CEO).

2014

  • Después de que el Congreso de los Diputados rechazase por una mayoría muy amplia autorizar la celebración de un referéndum de independencia, la Generalitat impulsó una consulta popular paralela. El Tribunal Constitucional la prohibió y un tribunal catalán inhabilitó luego al presidente Artur Mas por desobediencia, pero su organización fue tolerada por el entonces presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy. Los catalanes contrarios al proceso soberanista optaron de forma masiva por la abstención (en el 9-N participó sólo el 37% del censo, con un 81% supuestamente a favor de la secesión).

2015

  • Las elecciones autonómicas de 2015 fueron planteadas como un plebiscito por los partidos favorables a la independencia. Obtuvieron el 47,8% de los votos y alcanzaron la mayoría absoluta parlamentaria (72 de los 135 escaños).
  • En las elecciones municipales de Barcelona la candidatura de Barcelona en Comú obtuvo una mayoría simple. Ada Colau se convierte en la alcaldesa de la ciudad.
  • Elecciones generales: el PP gana las elecciones generales con 123 diputados, pero pierde la mayoría de los anteriores comicios. Irrumpen con fuerza dos formaciones políticas que rompen con el bipartidismo: Podemos y Ciudadanos.

2016

  • En enero de 2016 fue elegido como nuevo presidente de la Generalitat Carles Puigdemont, impulsado por la línea dura de las fuerzas independentistas.
  • Elecciones generales:  El PP vuelve a ganar las elecciones generales con 137 diputados (catorce más que los anteriores comicios).

2017

  • En septiembre de 2017 aprobó dos leyes para convocar un referéndum vinculante y regular la “transitoriedad jurídica”, desoyendo las protestas de la oposición, las advertencias de los letrados del propio Parlamento y al Tribunal Constitucional (que suspendió ambas leyes).
  • El 1 de octubre tuvo lugar el referéndum. En un contexto de convulsión e irregularidades lo más destacado fue la actuación coercitiva de la política antidisturbios, enérgicamente denunciada por el independentismo y muy criticada por la mayor parte de observadores
  • El 27 de octubre el Gobierno español activó el artículo 155 de la Constitución. Los tribunales impulsaron acciones severas contra los principales responsables. Carles Puigdemont huye a Bélgica y Oriol Junqueras ingresó en noviembre en prisión (junto a otros líderes nacionalistas).
  • Elecciones autonómicas en Cataluña: Ciudadanos fue la lista más votada pero la suma de las candidaturas independentistas logró revalidar una mayoría de escaños sin mayoría de votos.

2018

  • El 17 de mayo, tras un dilatado proceso de investidura, finalmente fue elegido nuevo presidente catalán el también independentista Quim Torra.  El 2 de junio toma posesión el nuevo gobierno y se levanta la suspensión de la autonomía.

2019

  • Elecciones generales (abril): el PSOE es el partido más votado, pero no logra formar gobierno. El partido de derecha radical VOX consiguió entrar en el Congreso, poniéndose fin a la excepción española de ser uno de los pocos países europeos en los que este tipo de ideología no tenía representación parlamentaria.
  • El 15 de junio Ada Colau fue reelegida alcaldesa tras alcanzar un pacto de gobierno con el PSC y gracias al voto a favor de los tres concejales de Manuel Valls
  • En octubre la sentencia del ‘procés’ determina penas de 9 a 13 años para Junqueras y los otros líderes por sedición y malversación. Esta resolución provoca graves altercados en Cataluña.
  • La falta de entendimiento político provoca una repetición de las elecciones generales el 10 de noviembre.

OCTUBRE, 2019

Felipe Núñez Sánchez

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